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10 de octubre de 2010

Las madres de Hispa

Mucho antes que las torres
hablaran a los cielos, las viejas madres de Hispa
crearon ante el templo del dios de los arados
palabras como besos en himnos de olivares
y lenguas del estero.
Brotaron sus cantares,
de aire, no de viento; de sangre, no de herida;
de llamas, no de incendio; en parto, entre madroños,
de voces y silencios, con lluvias sin tormenta
y rayos sin un trueno.
Jamás la mar cruzaron,
su gloria es la del verbo con aires litorales
de más antiguos pechos: herencia de los mimbres
trenzados en viñedos.
Las voces navegantes
surcaron los océanos; con yescas y campanas
crujió el junco del hierro, juntaron hierbabuena
por tórridos desiertos.
Las voces de las madres
mantienen sus acentos por nieves y manglares,
desde Hispa al universo.

Tras orillas, núm 15-16, septiembre 2010

22 de agosto de 2010

Mi Sur

Buscaré el mismo Sur hasta que muera,
el que brilla en el cénit de la sangre,
el que alumbra a la oscura inmensidad
del planeta con piedras incendiadas.

Y el clavel en la boca del silencio,
refugiado en veleros de titanes
tras bandadas de peces con jilgueros,
crecerá como un río de miel y vino.

Cuando brille la estrella presentida,
la de flecos cobrizos en la aurora
tras los montes que emergen desde el mar,

el dorado aldabón de la gran puerta
en la orilla sin nombre caerá roto,
para alzarse en un puente sobre el mar.

   Este Sur, que es el norte de tu orilla,
   es mi guía, mi astrolabio y mi timón,
   es mi norte en la luz que estoy buscando.

                                   Núms., 13 y 14 diciembre 2009

Lejos de acá y de allá

Allá lejos mi patria, un alma en cada cosa,
enjuta en la ribera y ahogada en la montaña.
Cancelas de la arena abiertas en mi pecho,
cerradas en mi espalda mordida por las hienas.

Recuerdo un ralo borde de ocelos y de hogueras,
perfiles de chamizos, cristales en cenizas
con sangres mutiladas, y rosas sobre el suelo
que reptan por mi mundo de niños con fusiles.

Y un coro de allá lejos, de vacas y de búfalos.
Rumiantes costillares como un bajorrelieve
de escuálidas praderas, pintadas, esculpidas
en cerros del estiaje y arroyos del guepardo.

Acechan las cosechas tras simas del planeta;
con puños y con dientes se arranca mijo y caucho,
las flautas de azafranes, utópicos diamantes
y, en charcos de violencia, la sed arracimada.

Regreso cuando avanzo, volviendo continúo
hasta hoscos callejones de lémures y gerbos
que pastan, junto a gatos, los verdes que yo busco,
promesa tan remota del valle que imagino.

Los astros y los pianos, el pulso y las batutas,
cipreses y marfiles, campanas y timbales,
con cruces y mis dioses se funden acá lejos,
tras olas, entre escollos de andenes y edificios.

En pieles y en maderas, mi opaca voz labrada
parterre es de violetas por nieve de ciudades,
escombros de arrabales e idiomas retorcidos
de dulces lagos gélidos, como ojos de azul norte.

En calles de hermetismo, de larvas y chacales,
me duermo sobre playas del sueño que no olvido
desde un allá lejano hasta un acá tan lejos.
Y acudo a las cabinas donde hablo con gacelas.

                                        Núms., 7 y 8 Diciembre, 2006

Mi exilio

                                          a Dolors Alberola

He empezado la casa por los libros,
por el patio, las plantas y una fuente.
Se cimienta en raíces y claveles,
la argamasa en mis noches yo mastico.

De mis poetas voy a mis pobres lirios,
a rituales humanos que no mueren;
rebusco en los estantes libres mieles
y un corazón de alondra en mis andamios.

La casa que construyo es mi retiro,
exilio voluntario, al fin destierro.
Será torre y ojos de barro y vidrio

que calculen las calles y los perros,
al gorrión mutilado de su trino,
y a un grito entre las ramas de un lucero.

     Y siembro por el patio que imagino
     un ritmo en partituras de tu aliento,
     sin espinas, sin sombras, con mis libros.

                        Tres orillas. Núm., 7 y 8 diciembre, 2006