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8 de septiembre de 1997

El Ribot

Reconstrucción de los húmedos folios del presunto maestro y visionario Sebasté de Sebastianes.

            Conviene recordar que Sebasté de Sebastianes, apócrifo maestro de edad indefinida, suele dirigirse a los ediles del Ayuntamiento, lógicamente de su época; a quienes considera como legítimos representantes de todo su amado pueblo linense. Es él quien define así la figura: “El que suscribe busca la antonomasia y por falta de imaginación no ve más posibilidad que la de recurrir a Vuestras Sapiencias.” Insiste en que por todos votó ya que merece ser votado “todo el que se ofrece a gobernar a esta muy noble ciudad”. Siguiendo su costumbre se dirige al Pleno Consistorial, como vehículo, para desarrollar estas consideraciones de hechos de hace, en esta oportunidad, más de tres mil años...

            “Permitan vuestras Nobles Entendederas que nos situemos en los entresijos de los tiempos y accedan por sus umbrales, que es inútil pensar que nuestra amada Ciudad pueda ser tan joven como su Concejo, por muy Excelentísimo que este sea ni por muy hermosos jardines que le cobijen.” Lo fueron en su día, ciertamente... Insiste: “Potísimos, no quisiera importunar a Sus Lealtades con devaneos protohistóricos. Por eso es que tengo las fuentes a mano, a disposición de sus demandas y en cuadriplicada manera para hacer valer las pretensiones que en esta ocasión esgrimo.” En esta oportunidad de Sebastianes sostiene la petición de rótulo para Ribot, El Ribot precisa en su entusiasmo lingüístico. Considera que el denominado Punto Ribot es una de las esencias de este pueblo nuestro y una de las más puras reliquias de antigüedad que se conservan, al menos en la palabra... Insiste en la calificación de Punto por haber sido un “considerable asentamiento de viviendas de personas, de las que somos herederos de cultura y solar”. Afirma, y es de admitir sin reservas, que la ciudad fue asimismo denominada en cierto momento como Punto de La Línea. Luego, tiene palabras de garboso desprecio para “aquella pusilánime gente de hablar ligero que en algún momento, malhadado sea, ha dicho Punta a lo que, de todos es sabido, se considera Punto. Y lo es, por serlo de localización en el mapa mundo de estas sangres nuestras, en este caso.” Acaba su ácido guiriloquio mandando a estos “culpables de lesa parla a las moradas del Diccionario, que sin duda sería purgatorio para sus manoalzadas y vuelaplumas de los dichos...”

            “Desde que el mundo mundo es, se ha oído a nuestros más mayores, referirse al Punto Ribot, localizándolo por el cruce del Camino Ancho... con otro camino de rodelas que viene de la Atunara y continúa hasta una muy amena alameda en Campamento. También por allí se despedazan fortines de teutónico mandato...” El tal camino de rodelas es una moderna aunque sinuosa avenida. ¡Qué manías! Tiene Sebasté un recuerdo emocionado por la Venta la Gloria, que por allí se encontraba, aunque rectifica diciendo que “no pretendo amontonar nostalgias inútiles ni hueros recuerdos de tópicos amarillentos”. Afirma que Ribot tiene un desarrollo morfemático ibérico y que en sus entretelas se encuentran los elementos IRR y BOT, que “con metátesis incluidas y tras latinizarse, aparece la inversión fónica... porque IRR suele hacer RI en todo el mundo tarteso-levantino parlante que se acomoda a los latinos giros; gente tan pelma, digo la latina aquella que ellos mismos se llamaban asimismo lacios.” (Sic.) En definitiva, viene a afirmarnos Sebasté que el topónimo en cuestión no significa otra cosa que trigal, naturalmente masculino. “Como en nada se parece al árabe sonido ¡Qué lástima! con lo que nos gusta arabizar nuestros desconocimientos... y es más la semejanza a algo catalán...  porque es verdad que tiene aires sardaneros o de paella... Y es preciso desconfiar de los topónimos que recuerdan apellidos...”
            A cualquiera le puede resultar extraño, muy extraño, que tierras tan húmedas como las nuestras sean capaces de proporcionar trigos al censo... Sale al paso de Sebastianes acudiendo, cómo no, a su maestro y primer mentor. “Afirma mi admirado y notable paisano, el regidor jurado Portillo, que a los mismos pies de la Carbonera, muy cerca de las Pedreras, antiguo Partido de Pedreras, se encontraban tierras de labrantío que buen trigo proporcionaban...” Ciertamente que el edil gibraltareño hace esas afirmaciones que el mismo López de Ayala corrobora, pero no era tan bueno el trigo como quiere afirmar Sebasté sino que era más bien de ‘ínfima categoría’, apreciación que hasta Portillo acepta. Lo cierto es que ambos autores coinciden en que trigales había en la zona y tras leer a ambos no se puede afirmar nada en contra. Si los doctores de las etimologías no contradicen a Sebasté, su tesis tiene por una parte, la consistencia de la interpretación de la “amalgama morfemática ibero-tartésica” y por otra la ratificación del referente con la referencia. Si aceptamos estas teorías sebastianas, habremos de admitir que “no sólo aportamos piedras angulares y de cimientos base para la construcción de Carteya”, una candidata a ser Tartessos, (hoy Refinería), “desde nuestras Pedreras; canteras a las que las Historias dieron afamada noticia. Sino que, además, hicimos para aquella parroquia, la más que trimilenaria Carteya, molienda de nuestro grano. Y tras amasar la harina, que en aquellos modernos tiempos sería si no de la buena sí de la que había, quitar gazuzas a gente tan traída y llevada por la monedas, las historias y las arqueologías como el mismísimo Argantonio, Señor de Carteya. Tiernos bollitos para hacer bocatas a tantos otros señores, auténticos eminentísimos mandamases, mandaretas y mandariles incluidos, de nuestros tar-tar-abuelos,(sic) …la tartésica gente a la que estamos emparentados por sangres, levanteras y cosechas. De cualquier manera, y según afirman las lumbreras que convoca el padre Iñaqui…” (Se refiere a Ignacio López de Ayala, como los asiduos lectores ya saben) “…, en Calpe comienzan las Gades, o las Kideis, o las Gadeiras, segun quien lo chapurreara.”... “Al fin, todos hemos acabado chapurreando aquel bello idioma.”

            En un órdago al amor localista, Sebasté concluye sus fervores con un final coreográfico: “Quién renuncia al orgullo de ser linense. Orgullo o autoestima como afirman los...cortos” (sic) Hay un hueco en el original que impide concretar lo de... ‘corto’. “¿Quién afirma que somos un pueblo reciente y sin posos en la Historia? ¿Quién dice que así nos va por ser lampiños en los arcaicos recovecos de páginas y monumentos? Bien pudiera la ciudad haberse llamado Ribot, si nuestra matriz calpense se hubiese desarrollado con la normalidad que da el sosiego geográfico exento de aduanas. Si no hubiesen existido los follones aquellos entre angevinos y austrias. Y si el inglés no hubiese estado más atento a los oros y a las espadas, ni los mandaretas tanto a las copas y a los bastos... La del Trigal hubiera sido, sin tapujos, gente de amasijo y levaduras... ¡Qué Triana se pierde esa Sevilla! Pero ¡Estamos a tiempo!”

            Remata Sebasté: “Quisiera, Notables Munícipes, que una calle, o alguna avenida de entre tantas de insulsa fama, se denominara Ribot. Sirva para refrescar las memorias tan dormidas por los muchos años que este pueblo anda hurgando por estos arenales su pan de cada día, y nunca mejor a cuento vino el lugar común. Sirva también de homenaje a los buenos panaderos que en la ciudad hubo y hay... A sus vidas dedicadas a servir el sustento elemental entre levaduras, artesas y madrugones. Brindis también a los hornos de aquella parte, los panaderos de pistolete y pan de lata... Si nos ponemos a hablar de nuestro pan, Potísimos... ¿Desde cuándo funcionan estas sureñas currantías que la luz del azul proclama como fértil arenal de las faenas...”

            Sebasté continuará su andadura por estas épocas tan remotas como su capacidad de retrospección y extroversión castiza, eso si no se demuestra lo contrario, claro.

Europa Sur, 8 de septiembre de 1997

25 de agosto de 1997

ARENAL I y II

ARENAL I

Reconstrucción de los húmedos folios del presunto maestro y visionario Sebasté de Sebastianes.

Lo más probable es que Sebasté, mi buen y estrafalario camarada, no supiese de la existencia de una calle con este nombre allá por Blanca de los Ríos. Bien se podría denominar esta propuesta como Calle del Éxodo, pero no es la intención del apócrifo maestro el ir por las esquinas rotulando. Por eso es preferible mantener su intención y si el lector lo prefiere lea Éxodo donde Sebasté escribe Arenal, a él le daría igual, estoy seguro.

Tras el merodeo con que suele acometer sus exposiciones nos invita a un "garbeo evocador" y nos convoca a una "cabalgata de figuras grotescas y deformadas” Se refiere a la comitiva de nuestro pueblo saliendo por la Puerta de Tierra acompañados por las autoridades civiles y militares: “...y son esas figuras mamarrachas e informes quienes conforman la autentica comparsa partiquina, y no lo contrario como pudiera parecer a primera vista. Comparsa que ha pretendido y detentado el protagonismo de una historia que, por exigencias escénicas, nos ha desbaratado la existencia misma, o al menos, y contra los excesos, trastocado... Por este arenal, sagrado erial de nuestros pálpitos, se desarrolla el realmente lamentable espectáculo de calle: El Éxodo…” “el salir con una mano delante y otra detrás, como reza el fandangario. No hay dramaturgia hispana que nos haya ofrecido aún una representación con los acentos que tiene el happening del seis de agosto, canicular y termidoriano, de mil setecientos cuatro, año de desgracia sin lugar a dudas. Permítaseme que acentúe, en un destaque de divismo, al autentico protagonista de la función, de los hechos: Nuestro Pueblo.”... “Dejemos a la comparsa grotesca y chabacana para una próxima ocasión, y hagamos una seria representación callejera sin olvidar el tono festivo que caracteriza a nuestra mejor tradición dramática.” Tras una larga perorata concluye en un afán de unidad campogibraltareña, reclamando matices incontestables... “Tan noble intención no excluye a nuestros abuelos calpenses: ¡Oh casualidades!, abueletes son también de muchos campogibraltareños, hermanados con nosotros por estas modorras históricas escritas a la alpargata, en su día abarcas de estúrdigas (sic. Por estórdigas o túrdigas) sobre esta página de arena. Sirva esta reflexión como recuerdo al resto del Pueblo Español y no para deshermanarnos de nuestros queridos vecinos.” Cierto que Sebasté profesa gran cariño a los gibraltareños del otro lado de la verja.

            Continua: “Tras la pérdida de la ciudad bajo la cumbre - Tartesio-ibérico (sic), KalBe > Kalpe= Bajo la Cumbre- y la resultante urgencia por el expolio, a aquellos se les abre la puerta del Éxodo. Y ante ellos un arenal con una gran laguna salada rodeada de yerba inculta, incluidos tagarninas y cadillos, y toda la fauna rastrera, con perdón, justo es decirlo y qué se le va a hacer, que, aún como página en blanco, se ofrecía más mondo y lirondo que hueso de las hambrunas. Eso, antes de llegar a las huertas y viñedos, que desde siempre hermosearon la parte ancha del istmo (Ibíd., Sabá = Ancho)” Es preciso aclarar que en estas apreciaciones lingüísticas coincide con algunos de los trabajos del responsable del ramo en la Universidad de Alicante, Prof. Román del Cerro. Tras muchas lamentaciones, que ya hemos leído en muchas ocasiones, nos aclara: “...no temáis que quien suscribe no vive de pasado, ni siquiera de presente... Somos una extraña gente alimentada de futuro con algún que otro recuerdo razonable y razonado... y mil perdones…” “El presente nos es más que una estancia mutable donde elaborar el futuro.” Es preferible ahorrarles el extenso guiriloquio para entresacarles algunos detalles como este, refiriéndose al istmo: “Este terrario... testigo de las mil pictóricas y pintureras maneras que nuestra fisonomía ha evolucionado en mil sesiones de maquillajes y camuflajes que nos ocultan, sobre todo a nosotros mismos, nuestro semblante, el autentico.” ... “Veámonos reflejados… (¿sobre? ¿ante? ¿en?) …estos espejos de arena.” Se percibe en sus intenciones que trata de rescatar la memoria de aquellos hechos sin precedentes y que han configurado nuestra personalidad colectiva. Sebasté cree firmemente que “somos una sociedad traumatizada por unos hechos y que se necesita superarlos por medio de la cultura como vehículo del conocimiento”.

            “El mismo día de la caída de nuestra Ciudad, los tres puntos filipinos que mangoneaban la estrategia, Rooke, Landgrave y Armstad - tocayos Jorge los tres, ¡la teba mara, les Yordis fotús! (sic)- ya se chalaban recorriendo las murallas y admirando nuestra hermosa ciudad. Como compadres que se cuentan las escaramuzas de la francachela, se van a estirar las piernas, a inflarse y a extender sus colas de vistosos plumajes. Entre trolas rituales, que las hay en todo regodeo triunfal que se precie, y alabando cada uno a su dios por lo tirado que lo tuvieron ya que ¡cincuenta hombres podrían haberla defendido contra cincuenta mil!” (Son subrayados de de Sebastianes tomados de los textos históricos)...“Entre los regocijos por la bicoca de referencia, lo cierto es que hay cronistas que cuentan que reían los muy lambuzos…Ya se frotaban las manos pensando en Ceuta. Por cierto que la hermana Ciudad no tiene calle nominada en esta villa... Ya me imagino al Roque, que era el más malandrín de ellos, haciendo planes y planeando sobre las siete colinas del otro lado del Estrecho. - Ceuta viene de Septa, siete, que son siete las colinas que la rodean, según dicen que yo no las conté. La arabía carece del sonido pe y dicen Sebta- ...” A continuación plantea extensas consideraciones sobre los motivos y pormenores de la rendición de la ciudad. Detalla el rapto de unas mujeres que se produjo, “si fue tal”, por gente británica al mando del Capitán Whitaker.” Convoca al Cura Romero, que “tampoco tiene calle en ésta”, citándolo textualmente: “...mas fue tanto el horror que habían causado las bombas y las balas que de mil vecinos que tenía esta ciudad quedaron tan solamente hasta doce personas, abandonado sus casas, bienes y frutos”... Secundum Romero.” Se interesa por al trasunto humano del exilio y, en un dialogo delirante con la figura de Romero: “Innúmeras lácrimas Calpenses, fundite cives, Urbs celebrata...” concluye y traduce“, en idioma católico y epigramático, el Cura Romero nos hace el introito de la partitura: Llorad inconsolables ciudadanos de Calpe. La ciudad por tantos celebrada se ha derrumbado”... “fue ese día un miserable espectáculo de llantos y lágrimas de mujeres y criaturas viéndose salir perdidos por esos campos en rigor de la canícula... Romero dixit. ” ... “Los más se quedarían, aquellos nuestros abuelos, por estos pagos gibraltareños, sin duda, al cuidado de sus viñas y huertas, del istmo para acá todo era Sabà o Zabal, con sus parentelas y servidores, todos abuelos y abuelas. Amén de la gente llana que se iba rezagando a la espera de mejores momentos antes que irse arrastrando cual lagartija de los eriales sin saber adónde ir o si volverse a sus domicilios fiscales.”

            “Muy probablemente por desidias, descuidos por triplicado, oficios pendientes de timbre y firma: deméritos tradicionales tan nuestros, se la llevó..., nuestra ciudad,... el Almirante Roque, más listo que grumete espabilado...; quitándosela de las manos a los mandaretas de turno. El pelele de Jordi (sic) Landgrave de Asia, Virrey de Cataluña - ¡la mara que ta parit! (sic)- , es más monigote aún”... “Ya veía la parroquia como, entre redobles, cambiaban de rey de un banderazo y de pronto de reino a cargo del Capitán Hicks, siguiendo las órdenes del mencionado Roque, con el subrayado musical de un pífano y un tambor, y en nombre de la reina Ana Stewart.” Es obligado subrayar el estruendoso catalán de Sebasté.

            No deja pasar la oportunidad cuando afirma: “No son estos Stewart de la estirpe imprescindible de James Stewart. Esta casta es la que mutó su Stewart por Stuart y luego Estuardo. Do you know? Por ventura que ¿se podría traducir Stew-art (Stew=guiso) por el arte de los guisotes o arte culinario? Que quién iba a decírselo a ella, a la graciosa queen de entonces, y cuando se iba a ver en otra: ni se esperaba reinar. Que también tuvo ella sus devaneos sucesorios y remiendos en el armiño... Inconvenientes que se solucionaron -¡Ay!- en las sacristías del protestantismo, entre los paternósteres en latinglish y aguabendita destilada por sus entresijos, no blended of course. Ni mucho menos esperaba ella -¡Otroay!- enriquecer su corona con nuestra ciudad y sus edificios y sus puertos y sus plantas y sus gorriones y sus glacis y sus monos… El mono Harold sigue agradecido a su nutritius sargent. (sic) Mono travieso y famosísimo por la guerra que ocasionaba a sus cuidadores, ¡Vaya usted a saber, Mr. Hassán¡”

Pol lo visto Sebasté ignora que no había monos en Gibraltar en ésos momentos, su asentamiento es muy posterior. Lo que sí parece cierto que Sebasté profesó sincera y profunda admiración hacia Sir Joshua Hassan, a quien dedicó un extenso y amenísimo epistolario. No hay constancia de que Mr. Hassán le correspondiera. Sólo se conservan fragmentos de copias de cartas... o cartas que no fueron enviadas: no se puede asegurar. Se puede deducir que de Sebastianes participó en alguna de las tertulias de la inolvidable librería Tabera con los entrañables e inolvidables Pepe Tabera, Fakundo, Bacarissa, Asagury, artistas para el recuerdo, y el propio Hassán, Salvador para sus amigos españoles, que los tiene y muchos.” Datos que nos confirma el muy ilustre D. Francisco Tornay, indudable maestro de callejeros reales, quien un día tendrá calle en La Línea por su exhaustiva dedicación al Archivo Municipal. Labor digna de mucho más reconocimiento... Evidentemente el Muy Honorable Mr. Hassán aun vivía cuando Sebasté hace referencia a su inolvidable persona.

            “¡Ay, don Salvador! que nos quedamos sin puerto desde entonces, según se ve... ¿O no? Y es que las hay con real suerte..., por muy pucherario y cazoletero que fuera su apellido... y todo gracias a los desvelos de otro tan buen vasallo como el Duque de Marlborough, fíjate tú la rubia casualidad y que parece cosa de ensalmo la premonitoria onomástica en cuestión.” Sin comentarios. “¡Ay! Duquesito llamado Churchill, por cierto como el otro Churchill que se llamaba Winston...” Menos comentarios. “…pero sobre todo a los del Sir Roque el listo... ¡Qué buen vasallo!, que dice la milonga anónima y que no tuvieron los nuestros, más dados a acumular purinas para sus gotosos pasos por el mundo, si oviese buen señor”, que remata el cante.
            “Y a todo esto nuestro pueblo, como todos los pueblos, ajeno a los repartos y a los vaivenes de las demencias coronadas de entonces, a los Jordis o Yoryis de la época... Qué ajenos nuestros abuelos... qué ajenos nosotros, todavía. .. y continuamos pagando la hipoteca tras el desahucio... Y a pesar de ello nos dejaron, envueltos en laureles, bustos de oropel en mitad del arenal con las prisas y el sofoco del embargo.” Sebasté odia a D. Diego de Salinas, como veremos próximamente. “Consecuencias de los follones en que nos suelen meter apelando siempre a lo más sagrado. Y después los pueblos, más listos y nobles que la mismísima sal de la tierra, se unen en vida ilusionada y currante, olvidando lo inolvidable; sin perder de vista a los mandaretas que se suelen columpiar en los cuernos de la Luna. Isn't that so?... So. Y es como debe ser y como manda Endivé, Endovélico para sus adeptos, porque la nobleza de los pueblos es la más edificante; pero sin perder de vista los tropiezos escritos en roman paladino por mequetrefes analfabestias o por venerables y despistados doctores de la infamia universal, o por la buena gente de voluntad y ahínco que suele meter la gamba.”

Continuará por estos andurriales con otra propuesta para recuperar.

Europa Sur, 19 de agosto de 1997

ARENAL y II
                                                                                                                                           
Reconstrucción de los húmedos folios del presunto maestro y visionario Sebasté de Sebastianes.

            Continúa de Sebastianes por los comienzos de agosto de 1704 y con estas reflexiones concluye el episodio del Éxodo. “¡Ay! Cómo no dedicar a este Arenal si no una avenida al menos una reflexión sobre nuestros cimientos.” Continúa dirigiéndose a los munícipes como legítimos representantes de los linenses.

            “Harto de suscribir alevosamente y eso lo saben ustedes, y tras apelar a los mejores criterios que fueren posibles, les propongo concluir esta vueltecita por una inexistente calle. Y es a través de este Arenal, que es nuestro más estimado suelo y hábitat adoptivo, por más que definitivo ya, por donde se desarrolló una cabalgata de figuras grotescas y deformadas que acompañaron a nuestros antepasados. Les propongo el peripatético juego, que no es otra cosa que el facer (sic) aristotélico de aprender caminando. Aprender, o enseñar, o ambas cosas a la vez. Paseando se aprende, que dijo no sé qué laureada y salpimentada poetisa de las floridas alamedas… Los hechos sobre los que se pretende reflexionar son los que se desarrollan durante los deplorables inicios de aquel agosto de mil setecientos cuatro del calendario gregoriano. Lo del gregoriano, mil quinientos ochenta y dos, no es adorno sino que tiene su enjundia porque los gran británicos no se avinieron al nuevo cómputo de los días sino hasta septiembre de mil setecientos cincuenta y dos, estos tardan pero acaban aviniéndose.”... “Hasta ese año existe un desfase de catorce días, más o menos, por los pluses acumulados... Eso y otros detalles pueden confundir a la clientela ávida de literatura histórica, como es el caso del que suscribe.”... “De hecho hay aficionado, y de muchísimo fuste, aun publicaciones notorias, que se han mosqueado un tanto con el desfase.”

            “Los bípedos más o menos pensantes, que de todo hay, desde que el mundo es mundo, han recurrido a juegos rememorativos en donde se disfrazan al modo de sus ancestros e incluso imitan sus voces. Mitificando, o no, representan con el propósito de establecer los objetivos primordiales de su presente y futuro. Así resultan estimulados por sus raíces contenidas en la memoria colectiva. Es de pretender, sin mitificar sino todo lo contrario, que nos marquemos un garbeo evocador siguiendo las huellas de aquellos que, si no son parientes carnales de todos, son paisanos de nuestras carnes, porque es preciso considerar linenses a quienes así se precian de ello. Y si no, pensemos mientras caminamos... Más nos valdría denominar una calle a todos los que han venido a esta ciudad derrochando nobleza currelante, no a los hijos de la bucanería internacional que se han despachado a gusto dejando los insultos y las rinconeras para nosotros...  La canalla cuando se va de estos pagos suele sentir imprevistas vergüenzas patrias que por lo visto hemos de purgar los linenses. Yo, Serenidades, nombraría a una de nuestras vías como Calle de los Bienvenidos y me quedaría más ancho que largo, y los Malvenidos que se pudran de una vez por el bien de la tierra...” En este punto de Sebastianes hace una dilatada reseña sobre Baldrich en tono admirativo por la “dedicación del maestro de periodistas y tantas otras artes calimarias (sic) y por mantener viva la memoria de aquellos hechos y los que de ellos se derivaron”. Dice Sebasté que hizo suyos los penosos días alicantinos compartiendo versos y cebollas escarchadas de estrellas; y no duda Sebasté en llamar a mi querido y respetado amigo Gabriel como “ínclito maestro de los pasados entuertos con y sin respuesta posible” en un apartado titulado “La razón del Capitán Baldrich.” Con lo que hace alusión al libro de Baldrich: “Tenias razón, Capitán.” Concluye la reseña pidiendo “a Gabriel Baldrich, linense y de los buenos, hay que dedicarle si no una calle una hermosa glorieta en la que haya un aire de copla y farándula que invite a pensar en los adentros del alma.” Confiesa haberse emocionado cuando le escribieron, debería estar disfrutando de uno de sus exilios, dándole noticia del premio de la Canción Andaluza de Jerez con su “Tira tu silencio al rio” . Canción que con música de Rafael Jaén, que si que tiene calle, defendida por Roque Montoya Jarrito, que tampoco tiene calle.” Dice Sebasté: “y la emoción me embargó cuando me dijeron que, emocionado mi querido Gabriel y desde el escenario del Teatro de los Salesianos, ofreció su éxito a su mujer e hijas... Y hubo emoción, la emoción del éxito y del reconocimiento...” Remata un tanto entristecido: “sé , Venerables Gracias, que no me harán caso en esto tampoco, pero emplazo a futuras generaciones a que admiren este rótulo que vaticino...” Tal cual reproduzco y... a entender que son muy libres. Continúa…

            “Antes que caer en los rigores del historiador, quede claro que esto sólo puede ser entendido como un hecho poquiliterario.” No se olvide, además, que se trata de la reconstrucción de los pliegos sebastianos, justo es recordarlo y disculpar sus lagunas. “Me basta”, continúa Sebasté, “recomendar detenimiento sobre diversos puntos flacos en la Memoria, nuestra Memoria. La intención es que cavilemos, o hacerles cavilar si aceptan el juego. Tomen Vuestras Benevolencias estas palabras como disfraces constructivos. Y que si los hechos que se quieren representar son espinosos y lamentables, por no decir dolorosos, sirvan para hacernos una idea de lo que tenemos un tanto dejadillo, es decir: tenemos ya muy asfaltado el Arenal. Derrochen sus amabilidades y compresiones, que siempre fue mi Pueblo de lo más comprensivo y tolerante”.

            “Se da uno de boca y sopetón con algunos detalles, en los relatos de la caída de nuestra ciudad, que más que clarificar nos hacen dudar de manera muy sugestiva, aunque confusa. Tantos son los traspiés, quesiqués y retuerce cocos que bien merecería el esfuerzo realizar algún tipo de actividad docente , no sé yo si aleccionadora... con especialistas de ambas naciones, tal vez incluyendo a lesanfandulapatrí ya que en la merienda rompieron más de un cacharro sin pagar los tiestos. Setadir: a la gabacha manera... Y es que estos episodios son muy europeos y quien quiera entender que entienda...” Un poco exagerado Sebasté, en lo del acto académico, pero cierto es que hay de algo habría que hacer alguna vez. Suscribo las quejas de Sebasté diciendo que siempre se hace poco en aspectos culturales. “No es intención de este paseíto el enderezar tanto vericueto ni renglones torcidos a cargo de los creadores de la historia, o para ser exactos de los recreadores de los hechos; que a veces son de un burdo que tira de espaldas e incita al pateo y al abucheo. No, lo nuestro es situarnos en nuestra propia encrucijada. De cualquier manera es recomendable contrastar: sacar Historia de entre las historias.” (Sebasté dixit.) 
            Vuelve a situarse en Puerta de Tierra. “No debe ser muy llevadero verse obligado a salir de casa con lo puesto, pitando y con la levantera que tendría que hacer por aquellos días agosteños. Se insiste, desde las crónicas, en lo del calor que hacía... era agosto ¡jopendaimer!. Refrescaría por la noche, sin duda. Alguien ladraría una conseja de chaquetita, o un yampa (sic, el espanglish), por lo del relente y alguien recomendaría premura, salir zumbando ante la perspectiva de que hicieran beicon de sus lomos.” “Debió ser, bromas aparte, un penoso paseíto por la orillita del mar, por allá donde crecen las hermosas tagarninas de las que daban buena cuenta en sus días las vacadas palurdas que allí pastaron. Dicen que, durante la caminata del destierro y hasta llegar a Carteya (hoy refinería.), muchos murieron de hambre y sed ... Y no cabe sino apreciar un tantito de exageración por parte del cura Romero, curate exagerate (sic), y según López de Ayala. Don Ignacio, jesuita de Grazalema que casóse, se supone que aparte tendencias lógicas, por disimular su filiación. -¡País, este ...!.   que maridó el reverendo con una tarifeña por cierto; y que no tengo nada en contra de matrimonios ajenos...” (Algún día saldrá a relucir el famoso y celebrado matrimonio de Sebasté. Acto que causó sensación en la ciudad, y que los buenos aficionados al copeo fino recuerdan con lágrimas de risa. Cuentan las crónicas de los antiguos sindicatos de cocheros que no hubo nada igual en la historia de la ciudad...  Lo dejaremos para una próxima ocasión. ) Continúa Sebasté: “También exagera el padre Iñaki, porque con las provisiones que les permitieron sacar: ...pan, carne y vino, para seis días de marcha… : no es para tanto, digo yo. Con esos mandaos (sic) ya se puede tirar hasta Carteya y algo más, por mucha malange (sic) que tuviera ya el vista de aduanas de aquel día. ¿Quién sería él.? ¿El Capitán Hicks y sus gurkas? Lo cierto es que con aquellos seis puntos de la capitulación no hubiera sido muy duro... si se hubiesen cumplido, my friend... Pero tampoco es de extrañar, my darling del arma mía, conociendo el percal… y la franela.”
            “Se desprende de las acotaciones que algunos paisanos se quedaron dentro de la ciudad, a pesar de las represiones; que las hubo depravadas y sangrientas, como siempre que un semejante nos asalta y nos toma a sangre y fuego y nos deja tomados y abandonados en la fogata, inquisitiva siempre, del vencedor. Muchos volvieron, no falta quien lo atestigua, se la jugaron y tal vez les fuese mejor... o peor según se mire... Ya es tarde para el reporte (sic), my friend... Todo esto es más creíble que morirse de calor durante el picnic por Benalife y hasta Puente Mayorga. No fue tan bíblico el éxodo como se pretende, sino que cada oveja se iría con su pareja y cada mochuelo con su mochuela. Y la nobleza, evadiendo a sus fincas y palacetes de Tarifa, Medina, Ronda... Dicen los más resueltos que con estas evasiones de capital se inicia un empobrecimiento geométrico. ¿Origen de nuestra actual descapitalización y decapitación posterior.? Yo de caudales no entiendo...Los no tan pueblo-llano sí que sabían adónde iban... Siempre saben y tienen dónde ir. Y si había viñas y huertos por el camino bien habría buenos pozos como para no morirse de la sed. Porque pozos, los hubo y los hay, y, por muy mal que estuviese ya la aduana, las provisiones eran suficientes.

“No dejemos de pensar, un poco al menos, en qué puñetas hacemos en medio de estas parcelas hortelanas, que en su día lo fueron y de ahí los vericuetos de nuestras aceras. Todo tiene una explicación en la Memoria y nuestras entendederas siempre fueron zabaleñas.” Debe referirse Sebasté a la anchura a partir del istmo. “Despejemos nuestras telarañas de las antiparras y sus Benevolencias piensen en las mejores musarañas que puedan. Ponderemos que aquí, en este Arenal, seguimos tomados, dados y vencidos. Pero tan dados y tomados como vencidos por nosotros mismos. Plugo a los dioses que nuestro propio pueblo, con su abulia, no se sume a lista de nuestros enemigos tradicionales.” Creo que le hago un favor a Sebasté, en el fondo me lo hago yo, eludiendo citar a los dos enemigos tradicionales a los que trata como autenticas bestias negras... Así yo también me guardo de sus poderes... “Que siempre se sabe quien teje las abulias de los pueblos.” Concluye “Aprendamos nuestra historia y repitámosla al dedillo y cantando al mismísimo lucero del alba y a los mandaretas mismos”

            “Arenal, de La Línea o de Gibraltar o de San Roque, debería ser una avenida amplia y llena de arboles y gente, de hermosas muchachas y gorriones,... que arranque desde lo más cerca posible de esa Puerta Tierra por donde se salió un día. Una calle que reproduzca, en la medida de lo posible , y de la imaginación del paseante, un monumento alegórico al recorrido por estos arenales de aquella desarmada tropilla, y con un hito en nobilísima piedra gris, que bien nos podría ceder el City Council como prueba de nobleza, que sí que son muy nobles. Un hito con un leyenda “Caminante ve y di a España...”

Europa Sur, 25 de agosto de 1997

31 de julio de 1997

CALLEJERO PENDIENTE

INTROITO

Caricatura de Julian Bilbao
Hace alguien tiempo que me encontré un rimero de cuartillas escritas a mano, con muy buena letra por cierto. Me reservo su fuente aunque sí puedo garantizar su limpio origen. No he podido reprimir el reproducirlas manteniendo su estilo. Algo tuve que remendar para recomponer lo que la humedad, compañera aparejada de nuestros estantes por sus más reumáticos apuntes y artríticas osamentas, ha ido eliminando por dilución de este simplón texto, es decir: empapados y al filo de desaparecer por inmersión. Cierto es que su estilo es desaliñado y algo soez para los oídos, u ojos, de a quienes va dirigido... Pero su intención me ha parecido buena y oportuna, casi clásica en sus reproches... Reproches que espero se conviertan en “históricos” dadas las últimas noticias que prometen redimir y recalificar a este erial de sus lamentos, y de los míos, claro.

Lástima que no pueda ni adivinar la exacta filiación del autor de tan lamentables giros, ni ubicarlo exactamente ni en el tiempo ni en el espacio urbano. Su nombre se ha conservado muy débilmente al pie de alguno de sus capítulos y, en una interesante labor de descifrar entre vanos y garabatos, he llegado a la conclusión de que su nombre, al menos su firma, corresponde al de Sebasté de Sebastianes. Lamento mucho no poder afirmar, como sospecho, que se trata de un seudónimo. La humedad y el tiempo han hecho justicia, un piadoso y crítico triaje, borrando por aquí y por allá; por ello algunos párrafos no podrían ser recuperados para la memoria. Si bien este fenómeno, digamos que inspirado capricho corrector del tiempo en su acepción climática, ha contribuido en buena medida a la limpieza del idioma y a su mayor esplendor, cuando menos en la sencillez de expresión.

De Sebastianes sostiene haber nacido en la calle de Joaquín Dicenta; calle que, tras la del treinta y seis, dejó esa denominación -es tradición que las "limpiezas" o "purgas" lleguen hasta los rótulos, incluso hasta los que no son sangrientos...- Una vez "aseado" el callejero ésta tomó, o retomó, el de Las Flores coincidiendo con que los nuevos señores no eran ni del estilo ni de la cuerda del autor del "Juan José", autentico arranque del drama social en este país y que fue representada en el Teatro Cómico -!Ay¡ También desaparecido.- Entiendo que es por ello, por lo de la "cuestión social", lo que le hace casi jurar haber nacido en la mencionada, bullanguera y pintoresca calle linense; más que probable. Por cierto, Don Joaquín se quedó sin calle para siempre jamás, que cada cual lo entienda como pueda... y en virtud del drama que más le guste aplaudir, si es que gusta del espectáculo teatral. Lo cierto es que puede deducirse que vino al mundo, de manera improvisada por la premura, en un camerino del desaparecido Teatro Parque... Ello se desprende tras la dificultosa lectura de un poema, versos que por respeto no les reproduzco. Entre ripios y lamparones de verdín, está dedicado a Vittorio de Sica a quien plasma, plateadas sienes y magnifica cabeza (adjetiva "calocéfalo"), rodeando con su brazo la apetecible cintura de Sandra Milo en el escenario de citado Teatro del Parque. La presencia de Don Vittorio en el escenario linense, sí que he tenido ocasión de verificarla como cierta, y en unión de la exquisita Milo, quienes aparecieron en escena durante un festival benéfico, de los de entonces, y coincidiendo su celebración con el rodaje de “Danae” por estas latitudes. El traje de terciopelo verde de Sandra Milo, cierto que lo lucía verde, hizo de resorte o de pistoletazo inspirador, para componer un poema que conservo en su propia condensación, por lo de la humedad digo. Curiosamente el verde de ese terciopelo le hace concebir imágenes que por su aproximación a “El Jardín de los Finzi Contini” le hacen adelantarse en el tiempo con escalofriante sentido premonitorio.

El descabellado e inoportuno hecho de su nacimiento en un camerino puede ser determinante a la hora de analizar su personalidad, o al menos restaurar su biografía y rastrear por sus orígenes. De momento no puedo prometer nada por tener los párrafos sometidos a una cura intensiva de sublimación entre papel secante y ventilación a todo poniente. Permítanme que dé prioridad a su Callejero Pendiente. Les aseguro que me atrae la indagación de esos pormenores tanto como imaginar la ilusión que debió hacer a aquellos artistas locales el compartir escena, aunque sólo fuera en el fin de fiesta, con aquel artista del cine italiano.

En sucesivas entregas les iré recomponiendo el desmancado, prolijo y apócrifo guiriloquio. Labor propia de un biblióatra irredento y con visos de clandestinidad, alevosía y nocturnidad, por lo que de diletante tiene, y por mucha voluntad que se le quiera poner al asunto. Juzguen y sepan disculpar. Tengan en cuenta que las intenciones no son malas, si bien su dudoso estilo es chocante, a veces, y sorprendente, siempre. Aunque según se mire: que modos y modas hay, habrá y seguirá habiendo. Por favor lean sus benevolencias, que diría Sebasté. Tras su comprensión, de la que no dudo, les convoco para las siguientes entregas, o peripecias, a cuenta de tan extensa y húmeda producción con visos de prosa visionaria. Capítulos en los que, probablemente con aromas de su estilo, les iré exponiendo el espíritu de estos escritos equilibrados en la inestabilidad propia de una sesera tan chorreante como el soporte que nos ha legado el azar. Eso contando con la capacidad de aguante tanto del lector como la del director y su equipo. En estas fracciones se propone un callejero más de los viales del alma que de la misma ciudad, que es la intención sublime de Sebasté y no otra. Aunque creo que sería muy constructivo aconsejar a nuestros munícipes, y candidatos, que bien podrían tener en cuenta alguna de sus primorosas sugerencias, pensando precisamente en el Alma de la Ciudad.

Me mueve a ofrecerles estos hallazgos porque algo de razón lleva Sebasté cuando afirma que en nuestra ciudad, La Línea, “se carece de una medida que proporcione nuestro orden y parte en la Historia...”, de “...un enunciado que nos sitúe en la comprensión para trascender hacia quienes nos rodean” y, cómo no, hacia nosotros mismos. “ La Cultura nos proporcionará las galas necesarias para la fiesta”, que también dice Sebasté en una irrecuperable lista de pensamientos. Comparto esa opinión con una buena cuota. En ella reside la esencia de sus empapados folios y es ese el motivo, no otro, de sacarlos a la luz y al oreo. Quizá mi mentor, maestro de Sebastianes, quiera ir más lejos de lo que con mis pocos megas de entendederas pueda apreciar... Probablemente el lector más inteligente sepa sacar más provecho que yo mismo de sus reflexiones... Dejémoslo al buen criterio de las mejores y más inteligentes testas. Tal vez, y en ello confío, los posibles lectores sepan hilar este desflecado paño.
Insiste Sebasté en ofrecernos una cara desconocida, pero no oculta, de nuestra personalidad en común. Ignoro si conocía a Jung o sus teorías sobre el subconsciente colectivo. Pero a partir de esta reconstrucción me he prometido ponerme al día en algo más que en Historia. Yo estoy convencido, de él lo he aprendido, de que “en nuestras esencias culturales está la clave de nuestra justificación existencial”. Sebasté llega a afirmar: “...una de las esencias de la Cultura se aloja abrigada entre las placentas”. No quiero adelantarme con insinuaciones y prefiero que sea de la mano de Sebasté que se vaya desvelando una personalidad como la suya, si ello es posible, y, definitivamente, la de todo linense que pueda engancharse a este discurso. No voy a negar que, a pesar de mis dudas por su estilo, comparta con él muchos puntos de vista, casi todos.

La verdad es que no sé si sus escritos están influidos por mis reconstrucciones o yo mismo estoy ya impregnado de su esencia. Creo que eso corresponde otorgarlo al lector que quiera hacer algo más que leer. Espero que mi psiquiatra me aclare esta duda de diván en una próxima visita. Mucho me temo que el enclenque andamiaje de mi pretendida estabilidad mental se resienta tras este ejercicio de paleografía empantanada. Intuyo la terrible mueca del dios hiperbólico de la ficción planeando sobre mi teclado como un tremendo pajarraco. Será cosa de invocar sus bondades.

Seguramente en cualquier materia se pueda afirmar, pero en Cultura sobre todo, que es necesario tener un método, aunque no sea el mejor mientras se persiga, y es imprescindible, tener unos objetivos “... si no existen, no hay adónde ir ni se sabe cómo.” Con esta aseveración de Sebasté, precisamente por su poca originalidad, es fácil de aceptar su juego retórico. Les invito a reflexionar sobre el asunto. También les invito a participar en un esfuerzo al que se viene llamando metacultura, según Sebasté. No sé si el vocablo, o la expresión, es el justo... Puede que con el juego de cultura, civilización y voluntad creadora ya nos baste... Pero lo que se quiere decir, sin rodeos, es que “se trata de trabajar, muy constantemente, con método y con el claro y limpio objetivo de asentar las bases de una sociedad civilizada a través de los elementos esenciales de su propia cultura, como es y se desprende de su mismísima libertad, entendida como un bien común y cultural.” ... “La ausencia de plazos inútiles no debe entorpecer la agilidad de sus andaduras” Mucho de Sebasté, más que mío, hay en la idea, justifico así las comillas. Como verán, con Sebasté siempre, se trata de algo más que de rotular calles y plazas. He tenido que aprender a reflexionar sobre lo que leo antes de irritarme con él.

Un claro aspecto de la personalidad de este Sebasté de Sebastianes, y que a veces me saca de quicio por lo reiterado, es su irreprimible deseo de no ofender a nadie y sí pretender aunar lo que parece imposible, despreciando de pintoresca manera lo que no mueva a unificar esfuerzos ni mentales ni de los otros. Yo estoy convencido de que él, cualquiera que fuese su tiempo, votó por todos los candidatos a sabiendas de que su voto sería considerado nulo, como él afirma cada vez que intenta mantener una lógica política. Esto podría constituir una pista para detectar por los colegios electorales, presentes y pasados si quedan restos, su paradero en tiempo o lugar. Una invitación a revisar por entre las más curiosas incidencias y los más extravagantes votos nulos. Pero no propondría yo diligencias policiales en tan sagrados lugares, por mucha pesquisa que necesite el Arte.

Pintoresca es su postura política, sí, y no por ello menos digna de respeto, como siempre, y de reflexión en su caso. Su nacionalidad no me consta y afirmarlo, en cualquier sentido sería arriesgado y entorpecería el entendimiento de su discurso. Si quieren, si no tienen mejor cosa que hacer, reflexionen con Sebasté de Sebastianes. Y, “quien padezca de adición telepelotera tendrá que esforzarse un poco más, si no le han zapaminado del todo, cosa que, si es un triunfo de quienes lo pretenden no deja de ser una grave pérdida para todo el conjunto pensante, que existe aunque no lo parezca ni por asomo”. Es acertado pensar, y es una opinión de Sebasté que asumo, que las soluciones a nuestros graves problemas, si son de esa identidad como él supone, vengan de manos de Cultura. De cualquier manera es preferible que sea así y no de manos de la barbarie que ya ha desvelado su rostro e intenciones, incluso a los menos versados en cavilaciones.

Espero que mis afanes por separar champiñones de ideas, más o menos completas, sirvan al menos para reflexionar sobre nuestro lugar en el espacio y sobre nuestra estancia en el tiempo. En definitiva “todos somos víctimas de nuestra propia ficción”.
En Europa Sur, 31 de julio de 1997