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26 de noviembre de 2003

A propósito de María Teresa

A propósito de María Teresa Martín Soler
Coplas por su voz caída al albor de la experiencia

                                                                                    Ya no estás sola
                                                                                    ¿Oyes? Son voces de mujeres
                                                                                     que abren de golpe las puertas de sus casas
                                                                                     y salen a la calle, alegres con su sangre,
                                                                                     y tú también, sí, ahora tú también.
                                                                                                          (de “Fuente de Jade” de M. T. S.)

Hay una torre en la vega
y en la torre una campana
que redobla;
con el bordón de la endecha
y con la prima del alba
dobla y dobla
el tan talan de la ausencia
con redoble de sonanta
y alma rota.
Y un ángel por las almenas
con voz desflecada canta
tan triste oda.

Adónde el mirto oloroso.
Qué fue del agua cantora
de Granada.
Adónde el timbre sonoro
que se afinó con la aurora
de esta playa.
Flota en un nenúfar roto
sobre la alberca cantora
que no calla.
Voz ya escrita en alto coro,
viva voz de caracola
que siempre habla.

Cantan las voces del mirto
su bruna y vegetal trova,
conturbada,
cuando ángeles femeninos
deshojan con nuevas rosas
crudas malvas.

Secos los ojos del mar
por rompeolas de la altura
piden nieve
para enjugar la palabra
que del jade brotó pura,
en su fuente.

Estrellas y gorriones
tejen coronas de algas
con los peces.
Un niño con las labores
del ocaso sobre el agua
se conmueve
y un incendio de arreboles
unge versos con aulagas
para siempre.

En la vega una campana
y la campana está loca,
alma presente;
cristal de la madrugada
que en un pozo desemboca,
niña ausente.

Cipreses y álamos andan
en terca e imposible ronda,
sin cabeza;
con ser río sueña el agua,
y que vuelva la paloma
que te lleva.

En la cumbre de blancura
hay una niña nimbada,
su voz chispea
por la senda que perdura;
tiene tronchadas las alas,
pero vuela.
noviembre de 2003

22 de mayo de 2003

Lo nuestro es subir, otoño

                                          A propósito de “El exquisito cadáver de la rosa”

                                                                   de Juan Emilio Ríos Vera. Mayo, 2003

Antes que la voz fue el aire
enamorado de luces y olores,
eterna médula multiplicada
por las frondas de pasión y cordura
hasta el espíritu de las cerezas
cultivado en la nieve florecida.

Todo asciende y todo trepa
por las escalas gloriosas de abril
y las mayas mañanas del aroma,
sí, hasta la fragancia hija del color;
pero lo nuestro es subir, otoño,
por lianas en flor hasta los cielos,
por la enramada vida en la clausura
que valerosa nombra a cada cosa
con su aire de rosa o de espina.

Nunca hubo exceso en el silencio
ni en el feraz licuar de las voces
desde el pétalo innombrable
al rusiente verso de voz en brotes.
La lengua que ha de ser tierra
extasiada a la rosa flor proclama,
terrena y desnuda de quimeras,
pero cuerpo celeste de rojo andariego.

Nada sobra en el cuerpo del aire,
nada falta en el cerebro jardinero
que sin ser arriate ni maceta
se nutre con la gloria en desmesura
del aliento enamorado de la vida.
Busca el idioma esencia entre las hojas,
hace coronas de laurel y genio.
Sólo buscando el nombre exacto,
intelijencia,
escrutamos por los estrictos ramos
nunca por la esencia en pálpito y alerta
con el presagio de quien ve, piensa y cuenta
los mil nombres exquisitos de la rosa,
su color, cada color, su agua, cada una.

Nadie a solas habla ni solo aspira
la concreta maravilla de no estar muertos
y de pulir el color afinado de la rosa
desde el silencio al atrevido verbo.

27 de febrero de 2003

Punto Ribot

A vueltas con Punto Ribot

Empieza a preocuparme esto del Ribot porque me temo que se esté convirtiendo en mi manía obsesiva. Pero, como no creo que nadie elija sus manías ni sus fobias, al menos no en mi caso, tendré que asumirla para rechazarla o acostumbrarme a vivir con ella y rodeado de quienes la provocan. Estos suelen ser personajes que van y vienen, de confuso estilo y maneras de hablar; cierto es que son contumaces y de una tenacidad tan fastidiosa como efímera. Si no consigo organizar mis temores tendré que pensar muy seriamente en acudir a mis amigos psiquiatras; algo que no creo que ni ellos quisieran de buenas personas que son. Lo cierto es que cada vez que oigo Punta en vez de Punto Ribot siento una enorme descarga de no sé que especie. Es una misteriosa corriente que me electriza, aunque no me paralice. Efecto este que, en una ciudad de ambiente tan enrarecido como La Línea, se multiplica. Algo así como lo del efecto térmico o como el ruido y el mal olor de las alcantarillas que van a más.

Pero uno tiende a defenderse de sus propias manías aún sabiendo que los autodiagnósticos vienen a ser algo así como una automedicación; ya lo sé. Quién no se toma una manzanilla, de las de infusión digo, como panacea de todas las molestias digestivas. Pues como algo parecido, como si fuera un remedio de la abuela, me dispongo a sanearme el coco cuando alguien, que debería decir Punto Ribot, dice Punta. Y no es por la simple corrección del idioma, que puede llegar a ser maniática como bien se sabe por los casos que hay. Si me guardan el secreto he de decirles que me temo algo de más calibre, algo así como una falta de consideración a nuestro entorno, a nuestra cultura, a esta manera nuestra de llevar la vida, vamos que no son de los nuestros quienes así hablan. - Algún día, si me lo permiten, les diré cómo entiendo eso del lenguaje, la cordura y la vigilancia ante los desaprensivos que avasallan de tantas maneras.- Y, la verdad, esto crea un cierto grado de desconfianza. O tal vez sea que uno es linense de siempre, no de nuevo cuño, y siempre estuvo orgulloso de ello. Siempre.

Es indudable que lo nuestro, lo del Ribot, es Punto, es decir, un sitio o lugar; acepción catorce en el Diccionario de la Real Academia. Mi obsesión se vuelve compulsiva, y próxima a la crispación, cuando, en un alarde casi heroico de condescendencia, dejémonos de modestias, me pregunto por qué les dirán Punta; incluso así lo escriben ellos. Insisto en que las excepciones son bastantes; hay buena gente, noble y concienzuda, que lo es tanto aquí como de donde quiera que vengan.

La verdad es que no sé que Punta verán en el Ribot, pues lo que se dice punta... punta no hay. Y, como tengo que tragarme la tisana para continuar con aire funambulesco por estas apartadas y olvidadas tierras, caigo en la cuenta de que esos puntos filipinos no hacen otra cosa que evidenciar su malversación de intuiciones sobre nosotros. Es entonces cuando noto los alivios del placebo y suelo ver algunas cosas con cierta claridad. Es alarmante que gente que llega, y seguirán llegando, a nuestra ciudad ignoren nuestra elementalidad en su pureza; que pretendan de un vistazo, ante unas fotos amarillas y tras un garbeo por el Real de la Feria entender toda nuestra andadura y desandadura, nuestra perdida alma y nuestra pretendida igualdad con el mundo que nos rodea, nuestras muy justas aspiraciones resumidas en un pispás. Lo malo es que haya quien tenga motivos para creerse que es así de fácil y, mucho peor, que haya quien les siga aunque sea la corriente.

Cuando llego a este punto me consuelo y se disipa mi temor de incurrir en manías obsesivas. Recupero un cierto estímulo al pensar que no es que vea en esto sólo un error idiomático sino que hay algo más profundo en lo que se dice y en cómo se oye.

Europa sur, 27 de febrero, 2003

4 de febrero de 2003

Tremolea, Juan, tremolea...

( Trémolo por Juan Mesa)

Hoy, el viento de poniente, genio y figura, arremete en vendavales, despeina las notas y compases de toda música. Hoy viene, Céfiro disparatado, a enredar las cuerdas de las guitarras. Antes era el aire de levante el que las complicaba como pelo de bicho hirsuto; antes, cuando la Soleá enloquecía de mirar hacia poniente, de tanto pensar en el cruce con esta terca seguiriya. El tablao del ocaso, en esta hora, nos empequeñece, amigo; a la muerte que aún no conocemos tú le has puesto los últimos arpegios. Desde la Plaza de Fariñas - surtidores y palmeras - se ve Ronda, Ronda flamenca, la que bella duerme un sueño de bandoleros y venteras, la de las Rondeñas y Serranas de amor y huída. Huir buscando el Poniente... Lo nuestro es huir tras un sol que se apaga y que no muere. Quisiste llevar a tu ciudad hasta el tajo hondo de tu música y no todos entendieron el tono que te horadaba, que te empujaba al abismo donde se ha compuesto esta seguiriya que hoy embiste desde poniente. Quedan tus reales en esta playa y en esta plaza con un aire solista de entreacto. Tremolea, Juan, tremolea...

Hay patios que no mueren, que pueden más que la piqueta de este inútil, miope, sordo mundo. Qué sabe nadie. Si supieran escucharían el trémolo, endecha sesgada hacia la definitiva cadencia. Hay patios y rincones y enredaderas y gatos. Hay muchos gatos que con sus gatas maúllan a una luna, espejo muerto, que canta una plata de Romeras y Cantiñas por el luto de una orilla de diminuta nácar, de hierbabuena y una copa de solera. La luna que busca fraguas y perseguidos, la de los corazones solos en la hondura, duerme amortajada en un rincón de un patio, de una plaza, de una ciudad bien amada y abandonada, digan lo que digan los palmeros del guirigay. Acudían los chavalillos a tu tañido arrinconado al sol del patio que ya no se ve, con los sueños en los ojos, en las alas. Con el corazón en las manos y el alma cantándoles en la boca, más admiración que sonrisa, más sed que agua clara haya, asistían, como tantos maestros consagrados del arte andaluz hechos amigos, para encontrase con los borbotones derretidos desde las nieves hasta los jardines de araucarias nocturnas que, en tu corte de Fandango y Policaña, fueron diáfanas a toda hora. Casi ángeles, antes del descalabro de crecer, venían los niños y niñas linenses como jilgueros a buscar gotas de agua, de agua de beber. Y se bebían un estanque de aromas de nostalgia y de futuro. Antes había futuro, y se palpaba; cuando en el sol del patio las abejas invisibles hacían miel de Andalucía, de la que sabe a romero y a la flor del pensamiento. Aún zumban... E insiste la seguiriya por los contraluces de la estancia, estudio, jaula, estuche, vitrina y baúl que ya no existe, que cayó primero por no ver este momento, por no hundirse de dolor y seguiriya el día en que tuviera que velarte, amigo, maestro. Hay patios que prefieren caer antes. Por no verlo. “¿Es esa la seguiriya de Vallejo? : ‘Están tocando a misa en San Agustín’ Sí, pero aquella Malagueña de don Antonio Chacón” Tremolea, Juan, tremolea...

Bajo la espadaña señera y ante la pila de tu bautizo suena un aplauso litúrgico... Aplausos al artista, por bulerías al golpe, y por Padrenuestro al amigo que no se ha ido. Hay ángeles del mundo que dan voces por “La Cuadra” eterna, gritos por un firmamento a compás, con mucho compás y taconeo de aquella Lola del Cómico... Tremolea, Juan tremolea... De un coro de ángeles - cabeza de oro y diapasones de nardo - ha salido un ángel solista con una guitarra en la mano. Tiene limpia la sonrisa de un domingo de piñata de hace muchos años, su alma de cantiña y tango le clarea en la mirada, tiene el halo de quien ya ha aprendido ese compás, ese arpegio, ese trémolo secreto que es puente y es barco, que es caballo y es vereda, que es nieve de suprema blancura en la alborada de los cabales. Ya se va el amigo con el coro de los ángeles - es una panda de verdiales – entre nubes y aplausos que nos devuelven al gélido momento. Es un crudo oficio que se esperaba, pero que se ha consumado... tan temprano; como un trémolo en desvarío, como un sostenido en que las culebras de los duelos se agitan en sus nidos, galápagos ramplones con un arte sin pellizco. No sabrán mantener tu legado de desvelos. Mientras tremoleas, te oigo decir como decías: “Quien quiera entender que entienda” Y, mientras te ausentas, tú y tu solo, un salto de reptil, y su veneno, hacen acrobacias profanas en mitad de un silencio por seguiriya.

EuropaSur, 4 de febrerro de 2003

22 de agosto de 2002

JGM envía postales a FGL

                                                                              a propósito de “La sonrisa del sándalo”

                                                                                                 de Juan Gómez Macías abril, 2002

Desde el alero boquiabierto,
pestaña de un cielo dubitativo,
bajan guirnaldas pacíficas y magistrales.
- alternan onduladas muecas de llanto y risa
con sándalo ritual de flor y légamo -

Desciframos las partituras
del silencio amado por los músicos,
indagamos por la cacharrería de los albores
tras un gozo de armonías diáfanas
y crótalos cantables.

El cieno reconoce el temblor del pétalo
en la aurora que él nos enseñó,
jubiloso de espliego y toronja cristalina,
con la blancura pequeña
que aureola de jazmín los hemisferios.

Que bajo el lodo florece la rosa,
lo sabemos,
entre sorbos de espera enhebrada
con la plata de un saxofón en alerta.

El sigilo trotará fiel al escándalo del oropel,
falso metal que miente y desfigura. Siempre.
La idea despierta a sus eternos torrentes y vuela,
siempre,
en racimos llevados por palomas,
manos oferentes de un vino humilde
y generoso en copas de espinas en concordia.

Nombremos a cada instante por su nombre
hasta perder el eco de los nuestros
como los jilgueros que se abrazan a una estrella
por el vientre sin caminos de los fangos.

El incendio del olvido alumbra huellas
por las ramas de un noviembre florecido.
Siempre huirán los grillos del metálico sonsonete
al borde del confín de los arpegios
que inmolan la pulcritud del equipaje.
La silenciada zumaya ausculta
el abandono encubierto de un Víznar mutilado.

Di a Federico que nos une apuntalar la idea
amenazada por la ruina de siempre;
pero que designamos la eclosión de la rosa
en la hora precisa de los lirios
bajo la ceñuda algarabía
cegada con charoles de alma ausente.
Dile que está la espina concitada
a entender el latido de las rosas
blancas,
siempre blancas de exactitud sin fronteras
en manos limpias entre el lodo.
De eso se trata.

Él te oye, tú sabes hablarle;
dile que no hay expiración yerma,
que su aire final asiste a los suspiros de hoy
con la infalible fragancia del alba
entre rosas nuevas y desgarros inevitables.

                                                                              Guadalmesí, núm. 24 - octubre 2003

24 de junio de 2002

Clínica para Quirófanos del Dolor Andante

                                                            A propósito de “Análisis del Desamparo”
                                                                                                    de J. A. Sánchez Espinel
          I, Prospecto

Altamente recomendable para no deprimirse ante la inopia provocada por el sistema. No se trata de un preparado magistral para superar la actual situación, que se prevé tan larga como tendente a considerarse normal; pero ayuda. Lea despacio a ser posible y cuantas veces crea preciso buscando las cadencias y ritmos del lenguaje más sencillo. En su defecto se recomienda la acción de un rapsoda; rechácese si es de vieja escuela, en cuyo caso sería necesaria la pericia de un actor dramático. Desconfiar de gente fingidora, chaqueteros al uso o imitadores.

Si se anima y advierte mejoría en estados de soledad o incomprensión existe un acervo de preparados en lengua española y traducciones de amplio espectro. Advierten los especialistas de la presencia estimulante de nerudiana, en dosis generosas con toques clásicos. (Consulte antologías.) Hierro y Lorquiana son elementos que se advierten en suspensión. El preparado produce efectos de reciprocidad y entendimiento, potencia todo efecto benéfico, benigno y amable. En caso de no lograr el alivio buscado ni la sonrisa implorada ni la solidaridad a que se aspira, acudir urgentemente a un psiquiatra de confianza; extreme las precauciones.

Dosis y posología: Léase solo o combinado con sonrisas, coméntese con amor y esperanzas de futuro. Se recomiendan lecturas compartidas con su mejor amigo o amiga, según cuadros. El uso alternativo de diccionarios es altamente recomendable. Es probada la eficacia del amor y la alegría como coadyuvantes en el proceso de asimilación. Tras un prolongado tratamiento de poesía se han advertido efectos de ternura, atisbos de entendimiento y miradas hasta enamorarse. En casos de lectores con estabilidad mental satisfactoria, es muy posible que se tolere totalmente y con disfrute del contenido, en cuyo caso se agradecerá lo comuniquen al laboratorio de referencia para no corregir los supuestamente nocivos efectos denunciados por inciertos políticos, iletrados, advenedizos e insensibles que sabotean laboratorios, boticas y reboticas.

Contraindicaciones y efectos secundarios: Es incompatible en casos de apriorismo y suficiencia. Si siente indisposiciones o sensación de no entender, pruritos, náuseas, rechazos, siempre mentales, consulte a un lector especialista; evite consejos profanos. No se recomienda un lavado de cerebro a la luz astral de cielo raso. Sí se recomienda cerrar los ojos para abrirlos lentamente a la realidad, se corre riesgo de fuertes impresiones. En caso de pérdida súbita de la noción de tiempo y espacio, desconfiar de chamanes de opereta y bufones con ínfulas. Amnesia y somnolencia no se han descrito, ni pérdida de conciencia, ni estados críticos por buscar soluciones que aseguran no existen; hay autores que afirman su posibilidad en este mismo mundo. En caso de embarazo leer en voz interna. Ante hipersensibilidad a cualquier intención consultar al cielo estrellado de cada noche y dejar actuar al instinto bueno. Es muy recomendable un prolongado tratamiento de altas dosis de valor y alegría.

Recuerde que la Poesía, en cualquiera de sus manifestaciones, debe mantenerse al alcance de todos, especialmente de los niños.


     II

en la comba plomiza de una siesta
a temperatura de una cerveza negra
bien helada al desamparo del viento polar
y si no disponemos del mínimo utillaje
para montar un quirófano ambulante
o fijo en la planta quinta o en el sótano quinto
mientras bebes y te arrepientes
por diseccionar pavanas desquiciadas
con éter sin receta bastardeando el narcótico
es preciso que sobornes a tu intelecto
elabores esquemas e improvises
escalpelos espéculos hipodérmicas bitoques
el instrumental necesario para intervenir al mar
de una dolencia inguinal persistente y mórbida
en el oleaje de prodigioso verde y cresta encabritada
cortando por lo sano cauterizando luego

     evitar aspirar los vahos del degüello y del cauterio
     no destilar formoles en alambiques
     de prohibición y asesinato
     ni usar emulsión de las retortas
     con algo de yodo y cloranfenicol a bajo coste

no suele dar resultado ante el mundo doliente
postrado en la inopia crónica y fatal
desempañar de elegías el níquel de los hospitales
ni hilar gasas tafetanes apósitos del color que se desee
desde dudosas madejas de lechoso lino sintético
aunque se logre suficiente hilo de aséptica sutura
con indiferente entorchado de bordones disonantes
para lañar bocas silenciar palabras y otras hemorragias
callar es otorgar con pericia y buena fe a justificar

     se trata de un alto secreto de lobotomía
     que no debe saberse escaleras abajo
     o en el despacho principal
     donde el enemigo brilla de laureles y ocurrencias
     entre larvas de oxiuro filandrias parásitos ya descritos

las lentes de los endoscopios podrían escrutar
el tegumento del amor hecho pedazos
el agua donde lavan pruebas y poluciones
la infección que nos devora en todo caso
a largo plazo con epidurales anestésicos
y todo el cansancio inyectado
en la quinta vértebra del telespectador
codificado por conocidos benefactores
protegidos del gremio de la usura y el caciquerío
emergente en los salones de últimas curas
donde se fuma e imprimen sueños de psicoanálisis
para la emisora local de muy poca cobertura en efe eme
o para la prensa que sólo pone los titulares
no es posible a la luz de los reflectores utilizados
en los fallidos bombardeos del 41

ante el amor a la verdad que anda incontrolado
no se precisan pociones divanes ni anestesias
sin fármacos el tiempo hará los milagros

     no suelen dejar rastro por los hospitales
     ni siquiera para componer muecas de besos
     ni mácula en las placas de titanio
     que refuerzan el esqueleto del amante mutilado
     desechan el látex profiláctico o legran la mucosa
     recipiente de estrellas reflejadas en lo translúcido
     ahogadas en un llanto preventivo o amortajado

si finalizan es preciso no lavar no enmascarar
ni hacer enjuagues de licor de perborato
ni constreñir las zonas afectadas
con ungüentos de aceites esenciales de violetas
ni arrepentirse de haber amado a la enferma
hasta pretender su total recuperación
ni extirpar el brote de una lágrima sulfurosa
aunque la tenue luz de gálibos en los ascensores
vomite tedio por las sombras de araucaria
ante el síndrome de fritanga del placebo
mientras amenacen sin decretos y nos impidan
instalar quirófano experimental en el desván
o ambulante
por la habitual querencia hacia periplos libérrimos

     por extirpar el tumor benigno consiguen dañar
     el dulcísimo beso amorosamente enquistado
     desde los tejados de Dublín aquella tarde
     o en los guetos de Praga cada invierno
     que los curanderos acuden a clínicos parisinos
     espumante fumeque tango y baños
     dejándonos ante Gibraltar desprotegidos
     y a este lado del caos limpiamente mutilados
     ante un mar sin olas ni boleros leídos
     con lamentos cantados por atiplados náufragos
     simpatizantes miopes o subvencionados

                                                                          junio, 2002

22 de mayo de 2002

”Isla de Silencios”

                                          A propósito de ”Isla de Silencios”

                                                             de Miguel Vázquez García. mayo, 2002


                                         “Tú que consagras la creación del verbo
                                          no condenes mi isla a los silencios
                                           no alejes mi poética del parnaso
                                           y hagas de mí puro desprendimiento”

Y que sea el aire, ese aire,
aire surgido del caos,
fluido por sábanas cantoras de salmos,
suspiros y cantatas de serena pureza,
que se prostituya apuntalando lo innombrable:
a ese fantoche de trágica madera,
ajeno a la llamada del sollozo semejante.
A ese rey bufo, sansebastianizador
del militante desprendimiento,
en un parnaso de lluvias seculares,
de sortílegas palabras,
epifanía jubilosa de la nata carnal
no nacida aún al aire que la espera.

Y que sea el aire, ese aire,
convertido en patíbulo al vacío,
entierro colmado de estrellas,
de rojos goterones por el azul ultrajado.
El mismo aire consagrado por Neruda,
máxima aurora de los paraísos australes
e islas pobladas de silencios por siempre,
por estar para contarlo en sueños,
en duermevela de arañazos y olas afiladas,
ante el estrago a la palabra al amor debida
y ante ángeles muertos en los estadios,
despojados de su divinidad y de su voz.

Y que sea el aire, ese aire,
sábana de inaplazables cópulas,
desde Bóreas elemental, trascendente,
el que sostenga el espadón
del gusano fratricida, reprobado
y reclamado por un poeta acuático
despeinado por el aire, ese aire,
corona y cabellera, pensamiento
y quebranto del compañero presente,
resistente, que no huye hacia la ausencia
y en su noche es ferrocarril, torrente,
imantada cordillera que no calla,
lengua de piedra concedida y convocada.

Y que sea el aire, sí, ese aire,
el que enseñe a decir como un oboe dice
y a pulsar como la lira que el ciego pulsa,
que palpa escalas y las sube
con la púa y tacto que ve lo que canta
por propagarlo por el aire, ese aire,
gaditano de alegrías y de tangos,
de décimas y zambas de la esperanza
amanecida en sierras,
bahías, vientres iluminados;
y no ese aire de mortaja y asesinato
que ensarta corazones y gargantas
con vara enroscada de dorados robles.

Y que sea el aire, ese aire...
Sí.
Andamio para los suspiros del dolor
y coplas vulneradas por la infamia;
aire de la poética a todo trance,
en que nos asistan ángeles
conocedores del canto-noche,
que no callan la Historia y la Cantata,
Crimen General de América Latina,
continente tan nuestro en el dolor
y en el aire...

Ese aire como nuestra herida de ser seres,
aire de palabras como espuelas y claveles en verbo,
memoria, son y uvas de desprendimiento,
Miguel.